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13 Jul

Purgatorio Pedagógico

A MANERA DE

INTRODUCCIÓN

Yo siempre he sido un mal maestro, muy malo. Planeo por obligación y mandato institucional, planeo muy poco, mis estudiantes saben que muy pocas veces cumplo con ella. ¿Tareas?, ¿para qué?, ni las reviso, me da igual si las hacen o no las hacen; ellos tienen la obligación de estudiar y yo también.

No cumplo con el programa, quito, agrego o modifico, pocas veces sigo el contenido del libro, incluso, algunos de mis estudiantes comentan que los libros de mi materia siempre huelen a nuevo.

Soy tan mal maestro que permito muchas veces que mis estudiantes digan groserías y lo que es peor, yo disfruto diciéndolas; cada una de ellas, con sentido pedagógico, desde luego. Aclaro, una cosa es ser grosero y, otra cosa, es ser un asqueroso vulgar.

En nuestro papel como docentes, ¿debemos ser ejemplos a seguir? ¡No la frieguen!, si los estudiantes siguieran nuestro ejemplo, serían, en su mayoría, profesionistas frustrados, pobres diablos. Yo no soy, ni quiero ser ejemplo de nada ni de nadie.

Por eso, el Purgatorio pedagógico, está dirigido especialmente a jóvenes estudiantes y egresados de la Licenciatura en pedagogía, educación, ciencias de la educación, psicología educativa y a toda la parafernalia que utilizan las universidades para verse innovadoras y actualizadas que, a mi parecer, no es más que, como dicen en mi rancho, “la misma burra nada más que revolcada”, pero también va dirigido a todo aquel que se dedica o quiera dedicarse a la educación, para que trabaje, “aunque sea de maistro”, como dicen también en mi rancho.

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