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22 Jul

Un panorama de la educación pública en México. Contra la corriente

Es importante señalar que no todos los seres humanos perciben la realidad de la misma manera, esto significa también que cada sujeto se apropia de ella de manera distinta, dependiendo de los referentes que predominan en su bloque de pensamiento; el ser humano es un ser pensante, sin embargo, esto no quiere decir que las figuras de pensamiento que constituyen su conciencia correspondan absolutamente con la realidad.

Por tanto, la tarea de conocer, es una tarea de sujetos históricos que se colocan frente a la realidad; conocer es práctica y acción de sujetos concretos que, más que concebir a la realidad social como fragmentaria, privilegian el análisis social desde la categoría de totalidad, porque la realidad es una totalidad concreta y el sujeto histórico es un ser pensante que le da sentido a lo que percibe y a lo que conoce.

Con base en este planteamiento, surge esta obra como producto de la formación profesional del autor; de la práctica pedagógica de más de 40 años ininterrumpidos de servicio en los niveles educativos, desde la educación primaria hasta doctorado; de la experiencia investigativa y, por supuesto, de la lectura, reflexión y análisis de fuentes bibliográficas, hemerográficas y documentales, entre otras muchas fuentes más.

Este libro surge también para contribuir al debate educativo en el contexto de política educativa del gobierno de la cuarta transformación y al esfuerzo generado por la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) por emprender un movimiento educativo que posibilite la transformación de la educación en México. La atención se centra fundamentalmente en los procesos de transformación y en la formación de los sujetos protagónicos que los mismos requieren, así como del contexto que condiciona los procesos de esta naturaleza.

En su contenido se consideran algunas categorías marxistas que, más allá de la discusión que pueda existir acerca de la vigencia o desfase del marxismo, se rescatan aquellas que explican, de alguna manera, los procesos de transformación, tal es el caso de la praxis, totalidad, transformación y conciencia, entre otras. 

El subtítulo de la obra, no es una forma de censurar, sino de hacer uso de la libertad de pensamiento y de expresión que se tiene, porque no se trata de pensar o hacer siempre lo que todo mundo hace o quiere que otros hagan, se puede pensar de manera diferente, pues no es posible ser siempre como dicen Navarro y Hernández (1990), un seguidor incondicional, pero tampoco un opositor consuetudinario; sino activar la capacidad crítica y reflexiva, sin perder la advertencia que Freire (1996) hace al respecto cuando enuncia dos condiciones: un derecho y un deber, el derecho es la libertad de la que se tiene para ejercerla y el deber es el fundamento ético de no mentir al criticar, de no faltar a la verdad, porque la crítica seria y fundada es la esencia del avance de la práctica y de la reflexión teórica. (p. 66)

Desde esta visión, ubicarse en el campo de la educación pública es comprender que las decisiones son tomadas por el poder político, decisiones no siempre fundamentadas, por lo que no siempre se tiene que estar de acuerdo con esas posturas. Más bien de lo que se trata es de comprender que la realidad permite un modo racional de ser y de actuar frente a los problemas educativos, ya que los grandes problemas de la educación sólo pueden ser abordados por los actores cuando toman conciencia de éstos, cuando se parte de la realidad en la que se viven, pero, sobre todo, comprender qué es la realidad, porque mucho se habla de ella, pero poco se comprende; la realidad es una construcción en permanente movimiento y que, por ningún motivo, debe dogmatizarse su percepción, más bien, apuntar al conocimiento universal que tenga validez en distintos contextos con los que puedan establecerse ciertas relaciones económicas, políticas, sociales y culturales.

En este mismo orden de ideas, la transformación social, particularmente la transformación de la educación no podrá entenderse si se sitúa al margen del aspecto político-ideológico, pues la transformación no tiene el mismo significado para la corriente conservadora que para la progresista; la transformación de la educación es construida por sujetos históricos, capaces de plantear demandas y alcanzar aspiraciones que han sido opacadas por el sistema neoliberal de dominación.

La transformación sólo puede ser dirigida por sujetos históricos, conscientes de su realidad histórica, cultural y políticamente formados, constructores de la historia y conocedores del objeto a transformar por medio de la aprehensión cognitiva.

En otro orden de ideas, en el caso de los profesores como protagonistas de los procesos transformativos de la educación, en su formación es importante que los programas de estudios consideren tanto el análisis de textos pedagógicos clásicos, como de textos recientes, analizar el estatuto epistemológico de los corpus teóricos más representativos, tal es el caso del constructivismo, del enfoque por competencias, del discurso de la calidad y de la excelencia, porque se requiere conocer, en detalle, las diferentes posturas existentes en cuanto a enfoques o teorías pedagógicas, con el objeto de incidir favorablemente en los procesos de transformación de la educación.

Hoy en día, en los discursos, tanto políticos como académicos, se habla mucho de la formación de sujetos reflexivos, tarea nada sencilla, porque para esta acción, se requiere que los principales protagonistas del acto educativo organicen su pensamiento para razonar, para formularse preguntas, para recrear su propio conocimiento, para aprovechar las teorías que están a su alcance, para discernir información, para hacer buen uso de las tecnologías de la información y la comunicación; hacer uso crítico de la información, volver a  usar las bibliotecas, sobre todo en educación básica, donde algunas de ellas están entrando en desuso; se requiere, también, constituir un verdadero proyecto educativo que articule la teoría con la práctica.

Esta obra está integrada por siete capítulos, en el primero denominado: contexto histórico-social, se caracteriza a la globalización como un proceso económico, político, social y cultural que se desarrolla en todo el mundo bajo el control de las grandes empresas multinacionales, destacando la influencia que tienen los organismos económicos internacionales en la definición de las políticas educativas en México.

En el segundo, referido a la calidad de la educación, se hace un somero análisis del origen del concepto, de su confusión y de su relación con los conceptos de cobertura, acceso, uso de recursos, subrayando que la calidad de la educación se fundamenta en la lógica empresarial y mercantilista. 

En el tercer capítulo, nombrado la excelencia de la educación, al igual que en el anterior, se hace un análisis del origen del concepto, destacando fundamentalmente la concepción que se tiene de este concepto en la llamada Nueva escuela mexicana.

En el cuarto capítulo referido a la transformación de la educación, se aborda la importancia de transformar la conciencia de los sujetos, las condiciones para formar sujetos pensantes y los escenarios en los que se dan los procesos de reflexión.

En el quinto capítulo referido a la praxis, se señala la importancia de ésta en el proceso educativo, la necesidad de la formación teórica y el uso crítico de la teoría, considerando a la praxis como el motor de la transformación de la educación.

En el sexto capítulo se alude principalmente a los alumnos y profesores como elementos fundamentales de la transformación de la educación, se enfatiza primordialmente la función de los profesores.

En el séptimo capítulo se recuperan los seis anteriores, se presentan algunos elementos que pueden fundamentar racionalmente una propuesta educativa para transformar la educación en México.

Finamente, el autor hace un especial reconocimiento al Dr. Jaime Melchor Aguilar, por la lectura del borrador, la corrección de estilo y las sugerencias muy atinadas para mejorar la obra; así también a la Dra. Elizabeth Arellanes Alvarado, por la lectura y observaciones a la misma y al Dr. Bernabé G. Andrade López, por el prólogo, en coautoría con la Dra. Elizabeth Arellanes Alvarado.

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