El Importador de ilusiones y decepsiones

$130.00

Doña Lydia, cuando yo le veía pasar frente a mi casa, era una mujer guapa, de facciones muy distintas a las de mis paisanas. De piel blanca, alta, peinada a la moda, con guantes que le llegaban hasta los codos, bolsos y vestidos elegantes, carrazo con chofer a la puerta, servidumbre uniformada, marido más chaparrito que ella, invariablemente de traje de casimir y corbata, con sombrero de fieltro… Uno diría que se trataba de gente de “sangre azul” y para acabarla de amolar ricos españoles… es decir, en aquellos años de mi niñez yo no veía más que el “cliché”… Pero no es así, más bien, no ERA así.

Doña Lydia deja en claro que de sangre azul no tiene ni la más remota gota, pues se identifica como una mujer hija de campesinos muy pobres que sobrevivían en las montañas de Liébana soportando el frío, comiendo papas y raíces y explotando para el autoconsumo su pequeño hato de ganadería. ¿Escuela? Ni pensar, pues no sólo eran pobres sino que ella, además, era mujer… ¿Hospitales? Menos. ¿Bancos? ¿Qué es eso? ¿Carreteras? Sólo brechas de herradura… En fin, doña Lydia, a diferencia de otras paisanas suyas que arribaron por aquellos años a Oaxaca (los 1940s) nunca se creyó “de sangre azul ni milloneta” ni se asumió como tal, según nos revela.
 
Lo curioso del caso es que su marido, que era su pariente, provenía del mismo pueblo de Piasca y tuvo un origen tan humilde como el suyo, pero su trabajo y dedicación le llevó al éxito económico a través de la famosa y muy antigua tienda de textiles y ropas El Importador de Oaxaca, pero el hombre –supongo yo–nunca superó sus traumas de una infancia llena de limitaciones, al contrario, entre más dinero llegó a amasar, más avaro se volvió y eso hizo que a su esposa, doña Lydia, le hiciera pasar estrecheces absurdas… En mis lecturas infantiles aprendí dos modos de leer la tacañería: a)El Periquillo Sarniento, de J.J. Fernández de Lizardi y b)Oliver Twist y David Copperfield, de Charles Dickens… para expresarlo en términos bibliográficos. No se diga la célebre trilogía de Un cuento de Navidad, con Mister Scrooge…
 
Las penurias de una millonaria –si me es permitida la metáfora– ocupa buena parte del texto, pero no solamente eso. Doña Lydia tuvo la pena de perder un hijo a manos de un ex empleado que le asesinó y sepultó su cadáver en una de sus mismas propiedades. El drama personal incluye a otro hijo con quien disputa la herencia del marido. La protagonista narra como siempre topó con una maraña de juzgados burócratas y “poderosos” políticos que han frenado hasta el día de hoy que la justicia se pronuncie en su caso. 


Pese a todo, doña Lydia no deja de ser risueña y liberal, identificándose con la gente más sencilla –es madrina de cientos de muchachos y muchachas de origen modesto– y la más discriminada por los prejuicios de la “clase alta”: los homosexuales. También apadrinó una vela de “muxhes”, los célebres hombres de Juchitán que nacieron en un cuerpo equivocado, aunque eso no les impide ser glamoros@s y orgullos@s…


En suma, “una vida contada” que llama la atención por los elementos de prejuicio, avaricia, ignorancia, violencia doméstica, discriminación, etcétera que, estamos “acostumbrados” (es un decir) que le ocurran a las mujeres oaxaqueñas, especialmente si son indígenas y pobres, pero ¡qué lejos estábamos de escuchar que una vecina de esta ciudad, española y ciertamente con recursos económicos, alzara su voz para exponer su experiencia. No cabe duda que es valiente doña Lydia y su libro hace añicos los clichés sociales del Oaxaca que nos toca vivir. La burguesía local no suele “sacar sus trapillos al sol”, lo cual no quiere decir que sus mujeres, jóvenes o ancianas, no estén expuestas a los abusos de los hombres de su misma condición socioeconómica y las discriminaciones de género y aún la discriminación que el Estado –sus instituciones y leyes, usos y costumbres– se emperra en mantener vigente. Ya está en marcha por cierto el movimiento local¡Totalmente Indignadas! que ha señalado el creciente número de feminicidios en Oaxaca. Entre diciembre de 2010 y noviembre de este año, acusó, han sido asesinadas 88 mujeres… simplemente porque eran mujeres.
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Nombre de Producto
El Importador de ilusiones y decepciones
Precio
MXN 130
Disponibilidad de producto
Available in Stock

Extraño a mi vaca La Gallarda

La parentela

El refugio mexicano

Desnudando a la familia

Tanto va el cántaro al agua…

Que hable Tino…

Mi gente

Lydia asediada

Malos augurios

Cría cuervos… y comprarán autoridades

En la azotea de la vida

Información adicional

Peso 1 kg
Dimensiones 13.5 × .8 × 21 cm
Autor

Año

2011

Páginas

128

Medidas

13.5 x 21 cm

Editorial

Carteles Editores, Instituto Nacional de Antropología e Historia

ISBN

978-607-7751-50-2

PRESENTACIÓN
Doña Lydia, cuando yo le veía pasar frente a mi casa, era una mujer guapa, de facciones muy distintas a las de mis paisanas. De piel blanca, alta, peinada a la moda, con guantes que le llegaban hasta los codos, bolsos y vestidos elegantes, carrazo con chofer a la puerta, servidumbre uniformada, marido más chaparrito que ella, invariablemente de traje de casimir y corbata, con sombrero de fieltro… Uno diría que se trataba de gente de “sangre azul” y para acabarla de amolar ricos españoles… es decir, en aquellos años de mi niñez yo no veía más que el “cliché”… Pero no es así, más bien, no ERA así.

Doña Lydia deja en claro que de sangre azul no tiene ni la más remota gota, pues se identifica como una mujer hija de campesinos muy pobres que sobrevivían en las montañas de Liébana soportando el frío, comiendo papas y raíces y explotando para el autoconsumo su pequeño hato de ganadería. ¿Escuela? Ni pensar, pues no sólo eran pobres sino que ella, además, era mujer… ¿Hospitales? Menos. ¿Bancos? ¿Qué es eso? ¿Carreteras? Sólo brechas de herradura… En fin, doña Lydia, a diferencia de otras paisanas suyas que arribaron por aquellos años a Oaxaca (los 1940s) nunca se creyó “de sangre azul ni milloneta” ni se asumió como tal, según nos revela.
 
Lo curioso del caso es que su marido, que era su pariente, provenía del mismo pueblo de Piasca y tuvo un origen tan humilde como el suyo, pero su trabajo y dedicación le llevó al éxito económico a través de la famosa y muy antigua tienda de textiles y ropas El Importador de Oaxaca, pero el hombre –supongo yo–nunca superó sus traumas de una infancia llena de limitaciones, al contrario, entre más dinero llegó a amasar, más avaro se volvió y eso hizo que a su esposa, doña Lydia, le hiciera pasar estrecheces absurdas… En mis lecturas infantiles aprendí dos modos de leer la tacañería: a)El Periquillo Sarniento, de J.J. Fernández de Lizardi y b)Oliver Twist y David Copperfield, de Charles Dickens… para expresarlo en términos bibliográficos. No se diga la célebre trilogía de Un cuento de Navidad, con Mister Scrooge…
 
Las penurias de una millonaria –si me es permitida la metáfora– ocupa buena parte del texto, pero no solamente eso. Doña Lydia tuvo la pena de perder un hijo a manos de un ex empleado que le asesinó y sepultó su cadáver en una de sus mismas propiedades. El drama personal incluye a otro hijo con quien disputa la herencia del marido. La protagonista narra como siempre topó con una maraña de juzgados burócratas y “poderosos” políticos que han frenado hasta el día de hoy que la justicia se pronuncie en su caso. 


Pese a todo, doña Lydia no deja de ser risueña y liberal, identificándose con la gente más sencilla –es madrina de cientos de muchachos y muchachas de origen modesto– y la más discriminada por los prejuicios de la “clase alta”: los homosexuales. También apadrinó una vela de “muxhes”, los célebres hombres de Juchitán que nacieron en un cuerpo equivocado, aunque eso no les impide ser glamoros@s y orgullos@s…


En suma, “una vida contada” que llama la atención por los elementos de prejuicio, avaricia, ignorancia, violencia doméstica, discriminación, etcétera que, estamos “acostumbrados” (es un decir) que le ocurran a las mujeres oaxaqueñas, especialmente si son indígenas y pobres, pero ¡qué lejos estábamos de escuchar que una vecina de esta ciudad, española y ciertamente con recursos económicos, alzara su voz para exponer su experiencia. No cabe duda que es valiente doña Lydia y su libro hace añicos los clichés sociales del Oaxaca que nos toca vivir. La burguesía local no suele “sacar sus trapillos al sol”, lo cual no quiere decir que sus mujeres, jóvenes o ancianas, no estén expuestas a los abusos de los hombres de su misma condición socioeconómica y las discriminaciones de género y aún la discriminación que el Estado –sus instituciones y leyes, usos y costumbres– se emperra en mantener vigente. Ya está en marcha por cierto el movimiento local¡Totalmente Indignadas! que ha señalado el creciente número de feminicidios en Oaxaca. Entre diciembre de 2010 y noviembre de este año, acusó, han sido asesinadas 88 mujeres… simplemente porque eran mujeres.
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El Importador de ilusiones y decepciones
Precio
MXN 130
Disponibilidad de producto
Available in Stock
INDICE

Extraño a mi vaca La Gallarda

La parentela

El refugio mexicano

Desnudando a la familia

Tanto va el cántaro al agua…

Que hable Tino…

Mi gente

Lydia asediada

Malos augurios

Cría cuervos… y comprarán autoridades

En la azotea de la vida

Otros

Información adicional

Peso 1 kg
Dimensiones 13.5 × .8 × 21 cm
Autor

Año

2011

Páginas

128

Medidas

13.5 x 21 cm

Editorial

Carteles Editores, Instituto Nacional de Antropología e Historia

ISBN

978-607-7751-50-2

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