El Mundo Ikoots en el Arte de Tejer de Justina Oviedo

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Arboles que florecen: la diversidad lingüística reflejada en el telar
Textiles de los pueblos mixe, nahua, afromestizo, chontal e ikoots

En esta tercera edición de nuestra exploración en torno a la diversidad lingüística y textil, apartamos nuestra mirada de la familia de lenguas más diversificada en Mesoamérica, la otomangue, y la dirigimos hacia otras comunidades que no comparten una lengua ancestral común. Este acercamiento incluye al pueblo mixe, que pertenece a la familia mixe-zoque, profundamente arraigada en la historia cultural de esta región; a los pueblos de habla náhuatl, que forman parte de la prominente familia yuto-nahua; a los pueblos chontal e ikoots, relativamente pequeños y aislados; así como a los pueblos afromestizos, de origen colonial y hablantes de español.

Cada uno de estos pueblos posee raíces de mayor o menor profundidad en Mesoamérica y, de acuerdo con la metáfora lingüística que hemos tomado prestada de Mario Molina (poeta y profesor zapoteco), cada uno de ellos constituye su propio árbol lingüístico. Es más, podemos imaginar que este conjunto de árboles forman un bosque de lenguas donde el contacto entre las ramas, impulsado principalmente por los sistemas indígenas de comercio, ha provocado un activo préstamo de palabras de un idioma a otro. El caso más dramático es el del pueblo afromestizo, pues perdió sus lenguas originarias al adoptar el español durante los tiempos remotos de la esclavitud.

Las relaciones de intercambio también se aprecian en los textiles que cada pueblo elabora. Los mixes de Tlahuitoltepec adoptaron la tecnología moderna que ofrece la máquina de coser para engalanar sus blusas, mientras que sus vecinos conservaron sus prendas donde predomina el blanco, reflejo de una larga historia de tejido entrelazada con el comercio durante la época colonial. Los ikoots dependían de los chontales para obtener hilo teñido con caracol púrpura y así tejer sus huipiles ceremoniales. Los afromestizos comerciaban con pescado y otros productos costeros en los mercados tierra adentro, donde sus servilletas, hechas con algodón hilado a mano, eran bien recibidas en los hogares citadinos. Por su parte, los pueblos nahuas de Puebla se incorporaron a las haciendas volantes como pastores, por lo que viajaban en ciclos anuales hasta la costa de Oaxaca guiando a sus rebaños de cabras.

Si bien es cierto que cada pueblo conservó aspectos distintivos de su cultura material, siempre ha existido un intercambio muy activo de materias primas, elementos de diseño y conocimiento, así como cierto grado de codependencia en los materiales empleados.

Lo verdaderamente extraordinario de este intercambio es la gran variedad de textiles que ha generado, tanto en formatos y estilos
—desde huipiles y quesquémeles hasta blusas y servilletas— como en color, diseños (los ikoots, por ejemplo, han insertado osos en sus servilletas, a pesar de que muy probablemente nunca han visto alguno) e incluso en técnicas. Sin embargo, esta diversidad también es una señal de advertencia. Muchos pueblos han perdido tanto su lengua como su herencia textil. Los pueblos chontales han dejado de tejer y ya no venden hilo teñido con caracol a los pueblos ikoots, quienes, a su vez, prácticamente han olvidado el uso de su huipil ceremonial, pero son los únicos que en el Istmo de Tehuantepec siguen tejiendo en telar de cintura.

Gracias a la labor de Justina Oviedo Rangel podemos presentar dos telares: uno reproduce los patrones geométricos de los tejidos chontales, mientras que el otro combina los estilos y técnicas empleadas en las servilletas ikoots y chontales. A diferencia de la diversidad natural, el ingenio y la imaginación humana juegan un papel fundamental en el desarrollo y la preservación de las variantes lingüísticas y culturales.

Nicholas Johnson y Alejandro de Ávila

Prólogo
Nicholas Johnson y Alejandro de Ávila

Jayats mitiiüd müm Justina: La herencia de Justina Oviedo Rangel
Flavia Cuturi

Innovaciones de Justina

Tejiendo San Mateo

Nuevos Diseños

Enseñanza

Los caminos sembrados por müm Justina donde brotan flores

Epílogo
Miguel Bartolomé y Alicia Barabas

Fichas técnicas
Nicholas Johnson y Alejandro de Ávila

Información adicional

Peso 1 kg
Dimensiones 19 × 0.8 × 25.5 cm
Autor

Año

2018

Páginas

96

Editorial

Instituto Nacional de Antropología e Historia, Museo Textil de Oaxaca, Università degli Studi di Napoli “L’Orientale”

ISBN

978-607-8498-28-4

PRESENTACIÓN

Arboles que florecen: la diversidad lingüística reflejada en el telar
Textiles de los pueblos mixe, nahua, afromestizo, chontal e ikoots

En esta tercera edición de nuestra exploración en torno a la diversidad lingüística y textil, apartamos nuestra mirada de la familia de lenguas más diversificada en Mesoamérica, la otomangue, y la dirigimos hacia otras comunidades que no comparten una lengua ancestral común. Este acercamiento incluye al pueblo mixe, que pertenece a la familia mixe-zoque, profundamente arraigada en la historia cultural de esta región; a los pueblos de habla náhuatl, que forman parte de la prominente familia yuto-nahua; a los pueblos chontal e ikoots, relativamente pequeños y aislados; así como a los pueblos afromestizos, de origen colonial y hablantes de español.

Cada uno de estos pueblos posee raíces de mayor o menor profundidad en Mesoamérica y, de acuerdo con la metáfora lingüística que hemos tomado prestada de Mario Molina (poeta y profesor zapoteco), cada uno de ellos constituye su propio árbol lingüístico. Es más, podemos imaginar que este conjunto de árboles forman un bosque de lenguas donde el contacto entre las ramas, impulsado principalmente por los sistemas indígenas de comercio, ha provocado un activo préstamo de palabras de un idioma a otro. El caso más dramático es el del pueblo afromestizo, pues perdió sus lenguas originarias al adoptar el español durante los tiempos remotos de la esclavitud.

Las relaciones de intercambio también se aprecian en los textiles que cada pueblo elabora. Los mixes de Tlahuitoltepec adoptaron la tecnología moderna que ofrece la máquina de coser para engalanar sus blusas, mientras que sus vecinos conservaron sus prendas donde predomina el blanco, reflejo de una larga historia de tejido entrelazada con el comercio durante la época colonial. Los ikoots dependían de los chontales para obtener hilo teñido con caracol púrpura y así tejer sus huipiles ceremoniales. Los afromestizos comerciaban con pescado y otros productos costeros en los mercados tierra adentro, donde sus servilletas, hechas con algodón hilado a mano, eran bien recibidas en los hogares citadinos. Por su parte, los pueblos nahuas de Puebla se incorporaron a las haciendas volantes como pastores, por lo que viajaban en ciclos anuales hasta la costa de Oaxaca guiando a sus rebaños de cabras.

Si bien es cierto que cada pueblo conservó aspectos distintivos de su cultura material, siempre ha existido un intercambio muy activo de materias primas, elementos de diseño y conocimiento, así como cierto grado de codependencia en los materiales empleados.

Lo verdaderamente extraordinario de este intercambio es la gran variedad de textiles que ha generado, tanto en formatos y estilos
—desde huipiles y quesquémeles hasta blusas y servilletas— como en color, diseños (los ikoots, por ejemplo, han insertado osos en sus servilletas, a pesar de que muy probablemente nunca han visto alguno) e incluso en técnicas. Sin embargo, esta diversidad también es una señal de advertencia. Muchos pueblos han perdido tanto su lengua como su herencia textil. Los pueblos chontales han dejado de tejer y ya no venden hilo teñido con caracol a los pueblos ikoots, quienes, a su vez, prácticamente han olvidado el uso de su huipil ceremonial, pero son los únicos que en el Istmo de Tehuantepec siguen tejiendo en telar de cintura.

Gracias a la labor de Justina Oviedo Rangel podemos presentar dos telares: uno reproduce los patrones geométricos de los tejidos chontales, mientras que el otro combina los estilos y técnicas empleadas en las servilletas ikoots y chontales. A diferencia de la diversidad natural, el ingenio y la imaginación humana juegan un papel fundamental en el desarrollo y la preservación de las variantes lingüísticas y culturales.

Nicholas Johnson y Alejandro de Ávila

INDICE

Prólogo
Nicholas Johnson y Alejandro de Ávila

Jayats mitiiüd müm Justina: La herencia de Justina Oviedo Rangel
Flavia Cuturi

Innovaciones de Justina

Tejiendo San Mateo

Nuevos Diseños

Enseñanza

Los caminos sembrados por müm Justina donde brotan flores

Epílogo
Miguel Bartolomé y Alicia Barabas

Fichas técnicas
Nicholas Johnson y Alejandro de Ávila

Otros

Información adicional

Peso 1 kg
Dimensiones 19 × 0.8 × 25.5 cm
Autor

Año

2018

Páginas

96

Editorial

Instituto Nacional de Antropología e Historia, Museo Textil de Oaxaca, Università degli Studi di Napoli “L’Orientale”

ISBN

978-607-8498-28-4